Las ganas

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Tiempo est. de lectura: 5h 29m

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Sinopsis

Benito vive desganado, aunque se muere de ganas: anda destrozado porque lleva tres años sin sexo. Por eso colecciona llaveros, sufre lo indecible cuando ve a una mujer bonita en el metro y bebe demasiado chinchón. Sólo se lo ha contado a su hermana, aunque todo el mundo, también en el trabajo, nota su abstinencia y su angustia. Benito es químico y emprendedor (es decir: empresario pobre). Ha inventado una sustancia milagrosa que regenera la madera, pero lleva meses esperando el cierre del acuerdo con la compañía de Bristol que podría comercializarla. Su problema íntimo y su incógnita laboral sólo podrían tener una salida: María, una chica que trabaja en una tesis sobre la madera policromada. Benito no se atreve a quedar con ella, pero se echa colonia para mandarle correos electrónicos y guarda una carpeta de «No enviados» donde le escribe cosas como: «Te quiero porque quiero parecerme a ti». Le da miedo decírselo, pero le sobran ganas de hacerlo.

Ficha Técnica

Editorial: Blackie Books

ISBN: 9788416290017

Idioma: Castellano

Número de páginas: 232

Tiempo de lectura: 5h 29m

Encuadernación: Tapa dura

Fecha de lanzamiento: 10/11/2015

Año de edición: 2014

Plaza de edición: Barcelona
Número: 55
Alto: 21.5 cm
Ancho: 14.5 cm
Grueso: 2.0 cm
Peso: 400.0 gr

Especificaciones del producto

Santiago Lorenzo

Escrito por Santiago Lorenzo

Se llama Santiago Lorenzo. Los astros se alinearon para que naciera un buen día de 1964 en Portugalete, Vizcaya, España, Europa, la Tierra. el Universo. Primero miró, luego observó, después filmó y ahora escribe. En todas esas etapas vivió y en ninguna hizo lo que hacen los actores: actuar. Denle una goma de borrar Milan y unas tijeras y les creará un mundo. Aunque hace tiempo que con un teclado hace lo mismo y mejor. Este artista pretecnológico de pulsaciones lentas (quizás por su corazón grande) vive a caballo (o a autobús de varios caballos) entre Madrid y un taller que ha elegido en una aldea de Segovia que podría servir para ejemplificar la recurrente expresión «alejado del mundanal ruido».

No siempre fue así. Estudió imagen y guión en la Universidad Complutense y dirección escénica en la RESAD de la capital del reino. Siempre tuvo claro que ante problemas reales, sólo sirven las soluciones imaginarias, así que en ese año constelación que fue 1992 creó la productora El Lápiz de la Factoría, con la que dirigió cortometrajes como Bru, Es asunto mío o el aplaudido Manualidades. Porque además de eso, al artista artesano Lorenzo siempre le gustó construir maquetas imposibles trabajadas con las manos: una cómoda con cajones que se abren por los dos lados, puertas por donde sólo podría pasar el Hombre más Delgado del Mundo y teatritos donde los Madelman son los protagonistas. Si no gozara del don de la escritura, podría haberse empleado en cualquier oficio antiguo: sereno, porque tranquilo lo es un rato, o jefe de estación ferroviaria, porque los trenes portátiles le gustan más que a un hombre alegre una pandereta. En 1995, produjo Caracol, col, col, que le valió pisar con calma la alfombra roja de los Premios Goya, que ganó en la categoría a Mejor Corto de Animación. Cuatro años después se empeñó en estrenar Mamá es boba, la historia palentina de un niño algo alelado, pero a la vez muy lúcido, acosado en el colegio (la película fue una de las primeras en abordar el tema del bullying) y con unos padres que, a su pesar, le provocan una vergüenza tremenda. La película pasará a la historia como uno de los filmes de culto de la comedia agridulce y podría servir como mito fundacional del post-humor que busca la risa helada e incómoda. Con ella fue nominado, para su sorpresa, al Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Londres. En 2001 abrió, junto a Mer García Navas, Lana S.A., un taller dedicado al diseño de escenografía y decorados con el que hicieron tanto muñequitos de plastilina para el anuncio del euro como la catedral que aparece en una de las entregas de Torrente. En 2007 estrenó Un buen día lo tiene cualquiera, donde volvía a elevar una historia de una persona para explicar un problema colectivo: la incapacidad, afectiva e inmobiliaria, para encontrar un sitio en el mundo (o un piso en la ciudad, para el caso).

Harto de los tejemanejes del mundo del cine, decidió cederle sus ideas a esto de la literatura y desde 2010 ha publicado las novelas Los millones, Los Huerfanitos, Las Ganas, Los Asquerosos y Tostonazo. También ha seguido hablando con voz grave, lanzando chanzas coheteras y fumando un pitillo a cada hora en punto con tiros cortos. Ha hecho, en definitiva, muchas cosas, pero su mayor temor continúa siendo caerse a la ría desde lo alto del puente colgante de Portugalete, patrimonio de la Humanidad desde 2006.

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Reseñas sobre Las ganas

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2.5

2 Reseñas

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20€

1 - 2 de 2 reseñas

B
Bugatti

| hace 5 años

Malo para olvidar. La historia es una chorrada al cubo. Es un ataque a la inteligencia. Un auténtico bodrio


l
la-vieja-piragua

| hace 11 años

Santiago Lorenzo tiene un estilo personal, inconfundible e intransferible. Y eso ya es muchísimo. Sobre todo hoy en día, cuando se publican tantas novelas clónicas, muchas de ellas tan académicamente perfectas, como vacías en su interior. Lejos de todo eso, vamos, justamente enfrente, se encuentra Santiago Lorenzo, con su estilo propio, tan propio que, si a uno le pilla de nuevas, si es la primera vez que se acerca a su obra, debe pasar por unas cuantas páginas de adaptación (no muchas). Debe aceptar que se invente palabras para sustituir otras que ya existen, aceptar sus frases llenas de imágenes, y aceptar también su universo, un poco sórdido y un poco cutre, y asumir que sus personajes no van a ser como los estereotipos habituales de las novelas clónicas. Una vez que se han aceptado sus condiciones, se logra penetrar en su universo literario y ya entonces se puede disfrutar de él con la seguridad de que no habrá otro igual. Resumir el argumento de Las ganas en un par de líneas resulta aparentemente fácil: un científico con serios problemas afectivos, ha creado una empresa para comercializar uno de sus descubrimientos, una nueva sustancia que regenera la madera y que le podría suponer grandes beneficios económicos si lograra introducirla en el mercado. Sólo leyendo esto ya vienen a la cabeza multitud de imágenes más o menos tópicas que pueden hacer pensar que ya se sabe de qué va a ir la novela. Pues no. Ni el científico ni sus problemas afectivos ni su empresa son como uno cree. Os lo aseguro. Nunca habéis leído una novela parecida a ésta. Podéis creerme. Otro aspecto interesante de Las ganas lo encontramos en la forma en que se mezclan en sus páginas elementos humorísticos y dramáticos sin solución de continuidad. La palabra “tragicomedia” parece haber sido inventada para esta novela. Por todo lo anterior, no resulta extraño que Santiago Lorenzo publique en Blackie Books. Sólo la editorial que ha rescatado a Jardiel Poncela, Brautigan, Astrid Lindgren (Pippi Calzaslasrgas) o el Cándido de Voltaire ilustrado por Quentin Blake, que tiene a Ben Brooks o Everett en su catálogo, puede dar acomodo a las novelas de Lorenzo. Por más que lo intentamos, no podemos imaginárnoslo en ninguna otra editorial.


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