Irène Némirovsky (Kiev, 1903 - Auschwitz, 1942) pasó su infancia entre mudanzas y fronteras, marcada por el desarraigo. Huyó con su familia de la Revolución rusa y llegó a Francia en 1919, donde creció como escritora en un país que, sin embargo, le negó la nacionalidad en 1938 y la empujó al silencio bajo las leyes de Vichy. Detenida y deportada en 1942 al campo de Auschwitz, murió de tifus pocas semanas después. Su obra, interrumpida de forma abrupta, conserva una mirada sobria y lúcida sobre la fragilidad humana.