Un fotógrafo de pueblo le da su archivo analógico con retratos familiares reunidos durante años a un programador perturbado para que alimente a una IA generativa. Las animaciones resultantes de este proceso, una serie de videos sexuales elaborados sin consentimiento, tendran consecuencias de un alcance mayor que los evidentes dilemas morales implicados en la circulacion clandestina de contenido falso. La concatenacion de fuerzas tecnologicas y esotericas desatadas por ese episodio alterara de manera definitiva la realidad, al hacer ingresar al mundo entidades extrañas hechas de una sustancia que los investigadores llamaran "materia hipersticional" y que recuerdan a los hronir, replicas o duplicados de objetos y seres perdidos descritos por Jorge Luis Borges en su cuento "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius". Al retomar las obsesiones que ocupaban el centro de su anterior novela, Juan Mattio conforma una suerte de diptico en torno a la cultura digital, los territorios de la inteligencia artificial, la fragmentacion de la memoria y las dinamicas oniricas. Si en "Materiales para una pesadilla" ya daba cuenta de la fragilidad ontologica de lo real, en "La nacion de los sueños diurnos" Mattio profundiza en la crisis del sistema de verdad del que hoy somos testigos y se atreve a imaginar el colapso metafisico y civilizatorio que presagia.
Lo que sostiene la trama de esta novela es la obsesión frente a las ausencias. Un hombre recibe una extraña herencia de una mujer a la que alguna vez amó. Se trata de una investigación inconclusa sobre como un grupo de escritores, linguistas y psicologos colaboro con la dictadura militar argentina del 76 para elaborar un sistema de escuchas capaz de detectar palabras disidentes en conversaciones telefonicas. En su intento por ordenar y continuar ese trabajo, el narrador se pierde en laberintos del pasado que conectan a su vez con otro fantasma: el de Haruka, una hacker japonesa que en el año 2036 pasa a la clandestinidad luego de haber creado, junto con un equipo de programadores, una red social inmersiva que permite incluso interactuar con los muertos. En "Materiales para una pesadilla" el mundo real se funde con el virtual porque ambos son el producto de una construccion narrativa, hecha tanto de lenguaje ordinario como del de la programacion. A partir de personajes que deambulan en busca de espectros politicos y familiares, cultos tecno-paganos y una realidad fragmentada compuesta de documentos perdidos y testimonios grabados en cintas de audio, Juan Mattio retoma la tradicion literaria argentina, que aborda al lenguaje como un artefacto complejo de representacion y creacion de mundos, para conectarla con el esoterismo tecnologico propio de las mejores novelas cyberpunks.
Hay algo que no se ve, a lo que no se puede acceder, un punto ciego de la historia: como en un auto en el que algo no deja ver la totalidad de lo que tiene delante y solo está claro cuando ya es tarde, cuando ya el otro coche esta muy cerca, imposible de eludir.Ese punto ciego articula, en una ciudad fantasma del conurbano bonaerense en los años noventa, la toma de una fabrica por parte de los obreros, un pibe que desaparece por negarse a hacer las actividades ilegales para las que la policia lo quiere, la trata de adolescentes que se reclutan en boliches llenos de famosos, un periodista que muere buscando informacion que vincule al intendente y a la policia con el negocio del juego, las drogas, los puticlubs. Otro periodista, amigo del que ha muerto, sigue las pistas que lo van llevando, sin respiro, de un lado a otro, de una trama a la siguiente para salir de una historia hay que entrar en otra, dice la novela hasta que aquello que el punto ciego no le deja ver lo impacte con la violencia de un auto a ciento cincuenta kilometros por hora.Kike Ferrari y Juan Mattio han escrito una novela violenta e irrespirable, coral y veloz, con una geografia reconocible aunque tenga los nombres enmascarados: una imagen enciclopedica del desasosiego argentino.
El niño era diferente a los demás. Adoptado, dicen que decía el padre. El niñohabía costado su fajo de billetes y no era como los demás, eso está claro.Juan Mattio hurga, con _El patito feo,_ en el oscuro asunto de lasdesapariciones de niños en Argentina, con un estilo directo, filoso yabsorbente.