Marta Bizcarrondo (San Sebastián, 1947- Madrid, 2007), fue catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid. En la UAM fue vicerrectora de Ordenación Académica de 1990 a 1998 y directora del Departamento de Historia Contemporánea entre 1999 y 2002. Entre sus obras destacan Araquistáin y la crisis socialista en la II República. Leviatán (1934-1936), publicado en Siglo XXI, y junto a Antonio Elorza escribió Queridos camaradas (Planeta, 1999) y Cuba/España: el dilema autonomista, 1878-1898 (Colibrí, 2001).
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La apertura de los archivos a partir de la desaparición de la URSS (1991) animó a los autores de esta obra a abordar una investigación sobre la influencia de la Comintern en el Partido Comunista de España, y como el poder sovietico actuo en nuestro pais.desde la llegada de Hitler al poder, Stalin habia dejado de ver en el comunismo español un factor de agitacion anticapitalista y dio prioridad a la contencion del nazismo. Esto le llevo a defender la democracia republicana al estallar la Guerra Civil, pero siempre siguiendo sus propios intereses: no intervencion, ayuda militar y envio de las Brigadas internacionales.Por supuesto, la democracia nunca fue un fin en si mismo para el dictador georgiano.del mismo modo que se ha dicho que la Guerra Civil fue un prologo de la Segunda Guerra Mundial, la logica de Stalin en España anticipaba el proceso que llevo a las "democracias populares" a partir de 1945.Antonio Elorza, ya sin Marta Bizcarrondo (1947-2007), ha escrito un extenso epilogo para esta edicion en el que narra la evolucion de la influencia sovietica sobre el PCE a partir de 1939.
Más allá de las explicaciones psicológicas al uso, es en el marco de los conflictos sociales de los años treinta donde debe situarse la explicación del fenómeno conocido como la radicalización socia
"Vae victis". El hundimiento del proyecto político de los autonomistas cubanos al sobrevenir en 1895 la guerra de independencia ha sellado su imagen histórica. Habían sido la represa de la revolución, en palabras de Marti, y nunca el poder colonial español confio en ellos, otorgandoles unicamente la gestion de la Isla en 1898, cuando todo estaba perdido. No obstante, desde los dias que siguieron el Zanjon en 1878, el Partido Liberal Autonomista, agrupacion de notables, pero tambien dotado de un amplio apoyo entre la poblacion criolla, supo definir e intento resolver, frente a la miopia española, la problematica de forjar politicamente una patria cubana marcada por la remora de la esclavitud, el hierro del dominio militar de la metropoli y el riesgo de absorcion por la gran potencia norteamericana. La biografia politica del autonomismo cubano permite entender el juego de posibilidades y estrangulamientos que han de afectar a la Cuba independiente y tutelada del nuevo siglo.
La Segunda República fue inicialmente un período de grandes esperanzas para los trabajadores españoles. Parecía llegado el momento en que décadas de fructífera labor sindical se tradujeran en una reforma decisiva en la legislación social y en las condiciones de trabajo, gracias al éxito electoral del PSOE y a la presencia del Largo Caballero en el Ministerio de Trabajo y Previsión Social. Pero las cosas no resultaron fáciles y la resistencia patronal al cambio fue mucho más lejos de lo esperado. En esta situación de inseguridad, la Unión se vio conmovida por la crisis de la coalición republicano-socialista y la victoria electoral de un centro-derecha dio vía libre a la contraofensiva patronal y puso sobre el tapete el riesgo de una involución. La fallida insurrección obrera de octubre de 1934 fue la respuesta. Para la UGT se abría una etapa difícil, con miles de obreros encarcelados y expulsados de sus puestos de trabajo. La sublevación militar interrumpió brutalmente esa trayectoria.