Nuestra especie está ligada a la biodiversidad de plantas y animales terrestres y acuáticos desde que nuestros antepasados recolectaban alimentos y recursos disponibles en el medio natural. Hace unos 10 000 años comenzaron a domesticar plantas y animales, iniciando la ganadería y la agricultura, manteniendo la recolección, la caza y la pesca, lo que ha generado nuevas formas de biodiversidad. A lo largo del tiempo, se han creado razas, variedades y cultivares únicos, adaptados a diferentes regiones, culturas y usos. Esta diversidad de plantas y animales obtenida, junto con la que conservan los ecosistemas silvestres —desde los bosques hasta los ambientes marinos y de agua dulce, cuya riqueza genética sostiene funciones ecológicas esenciales y aporta bienes indispensables—, es lo que se conoce como recursos genéticos. Todos ellos tienen gran valor porque aseguran la sostenibilidad de la producción de alimentos y otros bienes en condiciones ambientales cambiantes. Para que los recursos genéticos sean de provecho, es preciso garantizar su conservación, evaluación y disponibilidad mediante la provisión de los medios humanos y técnicos necesarios. Esta obra explica qué son, por qué su conservación es esencial para mantener la diversidad biológica y asegurar la disponibilidad de recursos genéticos para las futuras generaciones, y por qué son claves para afrontar el reto de alimentar de forma segura a una población en aumento en unas condiciones ambientales adversas.